Referencia a “La memoria fragmentada. El museo y sus paradojas”

mayo 31, 2010 in Modelos de Gestión en Educación by Eneritz Lopez Martinez

Copio a continuación unos cuantos fragmentos del libro de Iñaki Díaz Balerdi “La memoria fragmentada. El museo y sus paradojas”, publicado por Trea en 2008. Muchas de sus reflexiones responden a lo que muchos de nosotros pensamos a menudo sobre nuestras respectivas situaciones laborales:

“¿Por qué siempre parece que [en los museos] escasea el personal? (…) ¿y ese personal existente se recicla con periodicidad? ¿Se le gratifica y se le facilitan las cosas cuando pide asistir a un curso, a un congreso, a una reunión donde pueda ponerse al día? ¿Se le escucha cuando propone actividades, se le tiene en cuenta a la hora de tomar decisiones políticas?” (pág. 13)

“Con pocos medios se debe hacer, y se hace de hecho, más de lo que cabe esperar: el trabajador se multiplica, desempeña funciones o asume como propias labores que no le corresponden, sacrifica sus energías y se roba tiempo libre, con el fin de demostrar la validez de sus postulados” (pág. 27)

“Lo quieran o no, para realizar más actividades se necesita más personal. Ahora bien, como el personal del museo siempre es exiguo, se recurre a la contratación sistemática de una mano de obra abundante, barata y desprotegida (…) Becarios, contratados temporales, trabajadores eventuales… La lista es amplia. El poder obtiene beneficios: se olvida de asuntos como la estabilidad laboral, las cotizaciones sociales, las reivindicaciones salariales, el reciclaje y la formación continua del personal; paga, por supuesto, salarios más bajos; y consigue, en apariencia, resultados equiparables a los que podría lograr con un equipo más especializado y estable” (pág. 28).

“Como por lo general se considera lo didáctico como un segundo paso en el servicio que presta el museo a la sociedad, el departamento dedicado a tales labores siempre es deficitario en cuanto a trabajadores especializados. Se recurre, en mayor medida que en otros departamentos, a mano de obra en formación o en prácticas, y se adjudican, además, a ese personal responsabilidades directamente relacionadas con la atención al público” (págs. 144-145).

“¿Cuántos especialistas en, pongamos por caso, psicología o didáctica trabajan en nuestros museos? ¿Qué conocimientos tienen los que bregan todos los días con el público acerca de etapas de aprendizaje, psicología de la percepción o procesos cognitivos? ¿Qué saben sobre el público, sobre sus anhelos, sobre sus expectativas? ¿Cómo se comportan ante los imprevistos o las preguntas a las que no saben responder? ¿En qué medida participan en la planificación de las actividades del museo y en su materialización –por ejemplo en el montaje y elaboración de recursos auxiliares de la exposición?” (págs. 145-146).